Con los años he aprendido mucho de la vida observando a padres de compras con sus hijos. Una vez en un supermercado observé a una niñita que estaba pidiendo ruidosamente a su madre alguna golosina que quería. Luego de tratar de calmar a su hija con respuestas evasivas, la madre finalmente dijo sin pensar con exasperación, “La respuesta es tal vez, ¡y eso es definitivo!” Esta clase de respuesta con el tiempo me ha resultado muy útil.

Fui testigo de otro drama en una tienda distinta: esta vez en el Master’s Market en Ananda Village (pulse aquí para ver el enlace en inglés). Poco antes de la hora de la cena, una madre había llevado a su hijo pequeño con ella mientras compraba algunas cosas para la comida de la noche. El niño, un pequeño calmo y considerado, vio una variedad de chocolates y galletas sobre el mostrador y le preguntó a su madre si podía tomar una.

“Antes de cenar no, querido. Te quitará el apetito.”

Su simple respuesta produjo un cambio profundo en él, y sus ojos comenzaron a verse distantes y tristes. Era como si estuviese recordando muchas ocasiones así, tal vez de otras vidas, en las cuales sus expectativas de obtener felicidad de las cosas materiales fueron frustradas. Mirando seriamente a su madre, dijo, “Mami, ya no quiero estar más en este mundo.”

Cambiando de opinión rápidamente, su madre respondió, “Toma, ¿Por qué no comes dos barras de chocolate?” Pero el momento “ajá” ya había pasado. Las cuerdas de su apego a este mundo habían comenzado a deshilacharse.

Esos instantes “ajá” son los portales a través de los cuales nos llegan percepciones más profundas y cambian nuestras vidas. Búscalos, por ejemplo, cuando estás intentando tomar una decisión sobre qué curso de acción seguir. A menudo abordamos esas decisiones racionalmente, sopesando los pros y los contras. Una vez cada tanto, tenemos un instante “ajá” en el cual podemos ver el resultado final de cada elección. Entonces sabemos con seguridad qué camino seguir.

Busca también esos momentos para entender a los demás. Hay una tendencia en la naturaleza humana a categorizar a la gente y a encasillarla—ya sea una persona que conocemos hace mucho tiempo, o alguien que recién hemos conocido. Sin embargo, a veces tendremos un instante “ajá” cuando vemos cierta mirada en sus ojos, o escuchamos algo que han dicho casi a sí mismos, y podemos ver quién es esa persona realmente. Aférrate a esta comprensión más profunda y tu amistad continuará creciendo y floreciendo con el tiempo.

En meditación, es de especial importancia buscar estos momentos de despertar. De vez en cuando, podemos encontrarnos arrastrándonos en nuestros esfuerzos espirituales, sin tener los avances que nos lleven a un nivel más profundo. Entonces, un día, como dijo Yogananda, “Desde atrás de las nubes de la monotonía de los hábitos rutinarios de meditación, estalla en mi consciencia la aurora de la dicha.”

Cuando lleguen estos momentos, y llegarán, nos dejes que la experiencia se vuele como hojas secas en otoño. Exáltala en tu mente. Trata de regresar a ese estado de consciencia en meditación tan a menudo como puedas. La intensidad del instante “ajá” puede desvanecerse con el tiempo, pero si te aferras a él interiormente, nunca lo perderás del todo.

Por último, estate atento a esos momentos mágicos al buscar la presencia de Dios en tu vida diaria. Una amiga mía estaba sentada en un jardín recluido en Crystal Hermitage (pulse aquí para ver el enlace en inglés) un día calmo, sin viento, y estaba enviando su amor a Dios silenciosamente. De repente, sin ningún indicio de brisa, los carrillones que colgaban de un árbol cercano comenzaron a hacer sonar uno de los cantos de Yoganandaji, “Soy burbuja, hazme el mar.” Al principio pensó que lo había imaginado, pero cuando luego de unos minutos ocurrió nuevamente, supo que Dios estaba escuchando y respondiendo.

Si continuamos buscando la presencia de Dios a nuestro alrededor, nos sorprenderá descubrir—AJÁ—que Él siempre estuvo allí. El Maestro ha escrito un hermoso poema-demanda: “Oh Padre, que pueda contemplarte: arriba, abajo, detrás, alrededor— ¡donde quiera que vuelva mi mirada! Entrena a los niños de mis sentidos a que nunca se alejen de Ti, que moras en el corazón de todo. Vuelve mis ojos hacia el interior, hacia Tu belleza inmutable. Sintoniza mis oídos con el silencio, para que pueda escuchar Tu música más sutil. Sopla sobre mí el aroma celestial de Tu sagrada presencia.”

Cuando se corran los velos de la ilusión, nos daremos cuenta de que esos instantes “ajá” no son sucesos aleatorios. Son la forma de Dios de responder amorosamente las demandas de sus hijos y de llevarnos hacia adelante a través de la vida.

Con gozo y bendiciones,

Nayaswami Devi

Los invitamos a disfrutar del adelanto del nuevo libro (pulse aquí para ver el enlace en inglés) de nuestro próximo lanzamiento de Un rayo de Paz: Viviendo las enseñanzas de Paramhansa Yogananda, el cuarto libro de nuestra serie Rayo de Luz.

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