¿Alguna vez has visto una imagen de un niño y te has preguntado que le sucedió después en la vida? Bueno, entonces este es el resto de la historia de un muchacho. Y aunque puede no estar basada en los hechos, es verdadera. De hecho, es el resto de la historia de todos nosotros.
Swami Kriyananda nos contó la historia de un niño que fue con un santo y le pidió convertirse en su discípulo. El santo le dijo, “Ven conmigo,” y lo llevo al río Ganges. Luego sostuvo la cabeza del niño debajo del agua, hasta que el niño comenzó a patalear furiosamente. Lo seguía manteniendo abajo, hasta que el chico estuvo peleando con toda su fuerza para liberarse. Finalmente lo dejó salir.
Luego le preguntó al niño, “¿Qué es lo que quieres ahora, más que ninguna otra cosa?” El niño, respirando con dificultad contestó, “¡¡¡AAire, AAAire!!!” El santo respondió, “Cuando quieras a Dios tanto como quieres al aire, regresa, y te aceptaré como mi discípulo.”
Pero esto es lo que sucedió después, o por lo menos lo que pienso: El niño, cuyo nombre era Anand, partió sintiéndose enojado con el santo, y un poco avergonzado de su propia debilidad. A medida que los años pasaban y el incidente se desdibujó en un tenue recuerdo, Anand todavía pensaba en Dios, pero parecía nunca encontrar tiempo para dedicarle a Él. Porque ya ven, Anand se había vuelto tan exitoso que era la envidia de la nación. Tenía una familia maravillosa, una buena reputación, y más riqueza y posesiones que las que pudiese usar.
“El Barquero de Dios,” pintura de Nayaswami Jyotish.
Como nos sucede a todos, el tiempo pasó, y ya habían pasado casi dos años desde que su esposa había muerto. Sus hijo eran grandes y vivía en otros países, y la vida de Anand se había establecido en una rutina que comenzaba a ser tediosa. Un día comenzó a pensar, “Tengo todo lo que cualquiera podría querer, excepto felicidad.” Luego, recordando su juventud, pensó, “Me preguntó qué habrá sido de ese santo que sostuvo mi cabeza en el Ganges.”
Descubrió que el santo se había vuelto algo famoso, debido a un poder milagroso: Aunque a menudo se lo veía en el río rezando y dando consejos, de vez en cuando dejaba el agua y caminaba por la región. En esos momentos su simple dhoti permanecía siempre mojado incluso bajo el sol abrazador, y también su piel. Y siempre que alguna gota de agua caía sobre algún observador afortunado, esa persona recibía una sanación instantánea.
Anand decidió visitarlo nuevamente. Cuando llegó al río, estaba asombrado no solo de ver que el santo no había envejecido para nada, sino también de que estaba de pie exactamente en el mismo lugar en el que lo había visto la primera vez hacía cincuenta años.
Anand se acercó tímidamente, y dijo, “Vine a ti hace muchos años, pero probablemente no me recuerdas. “
El santo comenzó a llorar, y respondió suavemente, ”O, mi hijo, finalmente has vuelto. Te he esperado todos estos años, orando para que volvieses a mí.”
Anand, ahora llorando también, dijo, “Me di cuenta de que sí  quiero a Dios más de lo que quiero al aire. Puedes sostener mi cabeza debajo del agua tanto tiempo como gustes, incluso si muero.”
El santo rió y dijo, “¿Qué bien haría matar tu cuerpo? Simplemente regresarías otra vez. Quiero ayudarte a destruir tu ego. El Ganges, ya ves, es solo un símbolo de la energía en la columna interior. Te enseñaré técnicas que te permitirán sumergirte en esas aguas sagradas. Entonces encontrarás una realización que todas esas miserables posesiones nunca podrían dar.”
Y entonces, este es el resto de la historia de cada uno de nosotros. En algún lugar, nuestro maestro está esperando. Cuando comenzamos a querer a Dios más de lo que queremos al aire, regresaremos a él, y él nos sumergirá en ese verdadero Ganges que nos llevará al océano de la dicha.
En gozo,
Nayaswami Jyotish

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