“Hacía que uno se sintiera el más cercano y querido de los amigos, pero a su alrededor había siempre un aura de lejanía, el paradójico aislamiento de la Omnipresencia.” Paramhansa Yogananda escribió de esta forma acerca de la gran santa, Ananda Moyi Ma en Autobiografía de un Yogui.
Esto describe el dilema que nosotros, también, enfrentamos al tratar de profundizar nuestro amor por nuestro Gurú. A menudo es más fácil visualizar la consciencia de Yoganandaji como impersonal y abarcando al infinito en vez de pensar en él como “el más cercano y querido de los amigos.”
¿Por qué retrocedemos al recibir un amor que nos ha estado esperando eternamente? ¿Por qué dudamos en cantar la melodía de amor divino que suena constantemente, a menudo sin ser escuchada, dentro de nuestros corazones?
Mientras celebramos el cumpleaños de Yoganandaji el 5 de Enero, consideremos algunas formas en las que creamos esas barreras, y cómo podemos derribarlas.
Un pensamiento común contraproducente para nosotros mismos es: “Yo sé que mi Gurú ama a otros discípulos que lo merecen más que yo.” Podemos intentar sentir su amor, pero ponemos a otros (que creemos que meditan mejor o brindan más servicio) delante de nosotros para recibir el afecto del gurú. Aceptamos nuestro lugar como los hijastros abandonados e ignorados en la familia.
Este concepto puede aplicar en lo que concierne al afecto humano, pero con el amor del gurú por sus discípulos es un malentendido perjudicial. El amor divino es incondicional, no basado en los logros externos, ni otorgado a uno a expensas de otro.
Si este pensamiento te acosa, intenta esto: Mezcla la naturaleza personal e impersonal del gurú. Siente que él te ama (y a cada uno de sus discípulos) completamente e igualmente, porque esa es la naturaleza de la omnipresencia.
Otro pensamiento-barrera para derribar es: “¿Cómo podría amarme mi Gurú si sabe todo los errores que cometo?” Esa duda puede llevarnos a esperar que uno que es omnisciente no sepa que comimos todas esas galletas cuando se supone que estamos ayunando, o que pasamos nuestra meditación de la mañana con pensamientos sin rumbo revoloteando en nuestra mente. Pero por supuesto que el gurú sabe. Como Yoganandaji le dijo a Swami Kriyananda, “Yo sé cada pensamiento que piensas.”
Por eso, en vez de esconder las migas de la galleta en un rincón oscuro, intenta esto: Comparte con tu gurú cada equivocación, cada error al juzgar, cada falta de autodisciplina. Incluso déjale saber lo ricas que eran las galletas que comiste (él ya sabe que las disfrutaste). Cuando confiamos en que el amor divino crece en la honestidad y la apertura, entonces comenzamos a experimentar el gozo de sentirnos totalmente aceptados por quién somos. En esa aceptación completa, nos resulta más fácil cambiar.

Por último, podemos pensar erróneamente: “Algún día sentiré el amor de mi Gurú, pero falta mucho tiempo.” En vez de eso, esta noche antes de acostarte, comparte con él ansiosamente todo lo que sucedió a lo largo del día: las pruebas, los gozos, las tonterías, el dolor, la experiencia completa. Mañana cuando te despiertes, que tu primer pensamiento sea, “Te amo, Maestro. Por favor ven y comparte el día conmigo.” ¿Por qué esperar a que pase el tiempo para expresar nuestro amor por nuestro Gurú? Ofrécelo hoy. Solo al dar la copa de nuestro amor todos y cada día podemos recibir el océano de su amor eternamente.
Swami Kriyananda escribió estas palabras como introducción para su canción “Sigues Siendo Nuestro Amigo”:

¿Por qué huimos de Él

Cuya mano está extendida con amabilidad?

¿No es obvia la respuesta?

¡Es el vacío en nuestros corazones!

Huimos porque Él nos pide el obsequio más grande:

Él pide nuestro amor.

Te deseamos una bendecida celebración del cumpleaños del Maestro, en la cual puedas entregarle gozosamente este tesoro desde tu corazón. Una vez que compartimos completamente el amor que irradia desde nuestro interior, atraemos la presencia viviente de este premavatar, “encarnación del amor divino,” nuestro amado Gurú.
Tu amiga en Dios,
Nayaswami Devi
AnandaEspañol.org

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