Swami Kriyananda fue el escultor que talló mi corazón y mi alma. Mi vida ha sido transformada al tratar de vivir de acuerdo a su ejemplo. Su cumpleaños es el 19 de mayo,  y parece apropiado, como un especie de regalo de cumpleaños, agradecerle por algunas de las formas en las que me cambió a mí y a muchos otros.

Amistad Divina. Swamiji a menudo firmaba sus cartas, “En amistad divina.” Para él, esta no era solo una frase, sino una realidad viva. El envolvía a todos en un aura de aceptación.  El día en que lo conocí, el domingo de Pascua de 1967, llegué a su puerta sin haber sido invitado, en San Francisco, junto con mi cuñado. Él y un pequeño grupo de amigos tenían planeado ir a un picnic al Golden Gate Park. Él fácilmente podría habernos dicho que estaba ocupado y enviarnos de vuelta. De hecho casi todos los demás que conozco hubiesen hecho eso. Pero no Swamiji. Él nos dio la bienvenida, con un encantador entusiasmo (otra de sus características) y nos invitó a unirnos al grupo.

Si, en ese momento crítico, él no me hubiese envuelto con su amistad divina, mi vida probablemente hubiese tomado un rumbo totalmente diferente—me da escalofríos solo pensar qué camino disperso hubiese seguido. Gracias, Swamiji, por invitarme a tu vida, y gracias por tu amistad.  Ha sido mi apoyo y guía constante, especialmente en tiempos de dificultades.

Vivir Sabiamente. Swamiji ejemplificaba las enseñanzas de Yogananda de “vida simple y pensamientos elevados.” Leí un poema hermoso e Anandamayi Ma (pulse aquí para ver el enlace en inglés) que capturaba la vida de Swamiji. “Para un ser humano, solo debería ser aceptable una línea de conducta de lo más noble e irreprochable. Es motivo de gran regocijo si alguien busca moldear su vida de acuerdo a este patrón. Solo las acciones que encienden la naturaleza divina del hombre valen la pena llamarse acciones; todo el resto son no-acciones—un desperdicio de energía.” Swamiji no desperdiciaba mucha energía.

Incluso en momentos de relajación, su fuerza vital se movía en una dirección ascendente. A menudo nos uníamos a él con un pequeño grupo para ver su película favorita, Bambi. A él le gustaba, no tanto por la historia, sino por la hermosa música, los bellos colores, y sobre todo por la amistad encantadora e inocente entre las criaturas del bosque. Para él, era una representación de la amistad divina en la naturaleza. Cuando la película terminaba y caminábamos de regreso a casa, siempre era con al corazón más feliz y abierto. Gracias, Swamiji, por mostrarme cómo elevar mi corazón y mi mente.

Liderazgo. Swamiji era un líder asombroso y gracias a esto realizó una gran labor por la obra del Maestro. Si bien hubo muchos aspectos de su liderazgo, podría reducirse a dos principios. 1) No permitas que el liderazgo sea un juego del ego. 2) El trabajo de un líder es sacar lo mejor y más elevado de los demás.

En los varios roles de liderazgo que tuvimos a lo largo de los años, Devi y yo nos reuníamos con Swamiji con frecuencia. Él escuchaba con sensibilidad y nos guiaba. Cuando Ananda comenzó su obra en Italia, ese primer invierno fue muy frío y difícil. Cuando Swamiji nos visitó unos meses más tarde, le contamos acerca de las muchas dificultades que enfrentamos. En vez de compadecerse por nosotros simplemente dijo, “Ninguna gran obra jamás ha comenzado sin que alguien haga tapasya (sacrificio).” Swamiji siempre quería que pensásemos en los demás, no en nuestros propios problemas. Ese precepto—no pensar en uno mismo—es una de las grandes claves para una vida exitosa y feliz. Gracias, Swamiji, por ayudarme a evitar la trampa de enfocarme en mí mismo.

Discipulado. La esencia misma de la vida de Swamiji  fue su discipulado hacia el Maestro, y una continua ofrenda de amor hacia su gurú. Él se esforzaba por que todas sus palabras, pensamientos, sentimientos y acciones estuviesen guiadas por Yogananda. Hacia el final de su vida, él decía, “Ya no sé dónde termina Yogananda y empieza Kriyananda.” Rezo para que yo también pueda decir lo mismo cuando esté listo para salir del escenario.

Gracias, Swamiji, por tu discipulado, y por la pureza de tu vida. Y gracias por  asumir la labor de esculpir mi vida y la de muchos otros.

En amistad divina,

Nayaswami Jyotish

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