El 21 de Abril de 2013 el sonido abrupto del teléfono nos despertó de nuestro sueño en medio de la noche. Levantamos el teléfono a tientas en la oscuridad, y escuchamos la voz temblorosa de una amiga de Asís, Italia. Ella nos dio la noticia que habíamos sabido que llegaría algún día, pero que siempre esperamos sería en un futuro lejano: Swami Kriyananda había dejado su cuerpo.
Hubiésemos celebrado su cumpleaños número ochenta y siete en menos de un mes, y había estado mal de salud por algún tiempo, por eso las noticias no fueron totalmente inesperadas. Aun así, para aquellos que se sentían cercanos a él, fue un shock.
Él había sido el maestro espiritual para muchos de nosotros la mayor parte de nuestra vida adulta. Probablemente compartimos la misma reacción: él había estado ahí para guiarnos a través de muestras pruebas kármicas y para mostrarnos los siguientes pasos en nuestra vida. ¿Cómo íbamos a seguir sin su sabiduría, guía y amor?
Sin embargo, mientras el tiempo pasa y celebramos el sexto aniversario de su fallecimiento, estoy comenzando a ver nuestra relación en una forma más profunda y expansiva. Un verdadero maestro espiritual como Swami Kriyananda es mucho más incluso que su sabiduría, su guía o amor.

Debido a que pasó su vida entera sintonizándose con su gurú, Paramhansa Yogananda, para nosotros realmente no era el hombre, Swami Kriyananda, sino un canal para la consciencia divina sin forma y eterna. Esta consciencia está en el corazón de toda vida, de toda la creación, y continuará guiándonos hasta que alcancemos la unión con Dios.
Me gustaría compartir con ustedes algunas de las lecciones de vida que aprendí de Swamiji; tal vez incluyan lecciones que ustedes, también, han aprendido de la Vida Divina que nos guía a todos.
Incluso cuando estés tomando tus primeros e inseguros pasitos en el sendero espiritual, el verdadero maestro ve el potencial de tu alma y te anima. Nadie que intenta sinceramente es menospreciado o rechazado, sino más bien alentado en sus esfuerzos.
El karma de cada uno es único y complejo. El maestro le da a cada uno sutilmente un plan de lecciones diseñado a medida para mostrarnos el camino de salida del laberinto de nuestro karma.
Se nos da la posibilidad de fallar repetidamente en nuestros esfuerzos para aprender nuestras lecciones. Sin juicio o críticas, la guía divina trabaja con nosotros pacientemente sin importar cuán lentos podamos ser en entender el punto.
El verdadero maestro es un modelo de cómo vivir en el mundo. Por medio de su ejemplo, se nos muestra cómo lidiar con las situaciones y desafíos que nos enfrentan: cómo superar obstáculos, cómo ser siempre amables con los demás, cómo servir con gozo, por nombrar algunos.
Con el tiempo la guía divina va a apartarse para permitirnos guiar y entrenar a otros. A medida que lentamente crecemos en confianza y fuerza espiritual, debemos aprender a pararnos sobre nuestros pies y aprovechar la sabiduría que hemos obtenido, que tenemos en nuestro interior. Entonces podemos usar el modelo a seguir de nuestro maestro para ayudar a los demás.
Finalmente, el verdadero maestro va a dejar su cuerpo físico, para que podamos darnos cuenta de que su consciencia nunca estuvo atada a su forma. Cuando esto sucede, podemos sentirlo con nosotros tan a menudo como pensemos en él. Las mismas actitudes de respeto, humilde reverencia, y amor gozoso que sentimos hacia el maestro mientras él estaba presente físicamente ahora pueden extenderse hacia todos y todo. Cuando sentimos la presencia de Dios en todos lados, nos damos cuenta de que esta Vida Divina siempre ha sido, y continuará siendo, nuestra guía hacia la libertad.
Como escribió Paramhansa Yogananda: “En la quietud de mi alma me inclino humildemente ante Tu omnipresencia, sabiendo que Tú estás siempre guiándome hacia adelante y hacia arriba en el sendero de Autorrealización del Ser.”
Con profunda gratitud a nuestra Guía Eterna,
Nayaswami Devi

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