Soy afortunada de haber tenido una madre sabia y amorosa, que me enseñó mucho acerca de cómo vivir. Sin embargo, cuando era chica había momentos donde la sabiduría que ella compartía me resultaba difícil de digerir.
Por ejemplo, si otro niño se burlaba de mí o me molestaba (como le sucede de vez en cuando a la mayoría de los niños), y regresaba a casa llorando, ella se sentaba conmigo tranquilamente. “Tratemos de entender a la otra persona,” decía ella. Luego hablábamos sobre por qué el niño burlón se pudo haber comportado de esa manera. En ese momento, lo que yo realmente quería era que ella me defendiese y reaccionase enojada; que llamase a los padres del niño y les dijese lo que pensaba; pero ella no hacía ninguna de estas cosas.
En vez de eso, me guiaba hacia un entendimiento objetivo del panorama completo. Recordando, me doy cuenta de que ella estaba tratando de despertar en mí la compasión, para que yo pudiese olvidar mi propia herida, perdonarlos, y seguir adelante.
¿Cómo podemos perdonar sinceramente a otra persona cuando nos ha herido, o incluso traicionado?
Primero: Trata de entender a la otra persona. Pregúntate, “¿Se estaban sintiendo infelices, abrumados, o amenazados por las circunstancias de su vida? ¿Fue su intención consciente herirme, o  fue simplemente un acto inconsciente de su parte?”
Tenemos una amiga muy querida que, a pesar de tener muchas cualidades maravillosas, tiene un temperamento fuerte. Una vez llamó a un amigo a su oficina para hacerle una pregunta. De manera inusual, él le respondió, “No tengo tiempo para ti mientras estoy en el trabajo. ¡Deja de molestarme!” Y cortó de golpe el teléfono.
Nuestra amiga cambió a su modo enojado y reactivo, e inmediatamente lo volvió a llamar para “dar el asunto por terminado” con él. Afortunadamente para ambos, la línea estaba ocupada. Ella intentó varias veces más, pero con el mismo resultado.
Finalmente se involucró en otras actividades, se calmó, y comenzó a pensar acerca del diálogo con su amigo. “Él no es así habitualmente. Me pregunto si está teniendo problemas personales.”
Luego de unas horas, pudo ubicarlo por teléfono, y la conversación transcurrió de una forma muy distinta a la que hubiese tenido más temprano. “¿Pasa algo malo, Phil?” comenzó ella. “Cuando hablamos antes, no parecías ser como eres habitualmente.”
Phil  estalló en lágrimas, y dijo, “Gracias Joan por tu comprensión. Estoy pasando por un momento terrible con problemas en el trabajo y con mi familia.” Tuvieron una conversación sincera, y el incidente profundizó su amistad, en vez de dañarla.
Con la comprensión viene la aceptación y el perdón, como lo reflejan las hermosas palabras de Jesucristo, “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”
Siguiente: Trata de sentir en tu interior que parte de ti fue herida. ¿Fue tu orgullo? ¿Tu sentido de la confianza o de la justicia? Interioriza tu mente, y trata de identificar dónde, dentro de tu propio ego, reside el dolor. Visualízalo como una esfera vibrante de energía encerrada, autoprotectora. Luego intenta liberar la energía gradualmente de este vórtice turbulento hacia arriba, hacia el ojo espiritual. Cuando hacemos esto, nuestro punto de referencia egoico comienza a disolverse en la consciencia de nuestra naturaleza superior.

Por último: Cambia tus expectativas. Cuando dejamos ir nuestras ideas acerca de cómo deberían tratarnos los demás, la aceptación de los altibajos de la vida se hace más fácil. Es una cuestión de alejar nuestra consciencia del pensamiento de que todo lo que sucede debe ser medido contra nuestra propia reacción ante ello. Las acciones de la gente son simplemente lo que son.
Mírate a ti mismo impersonalmente. Swami Kriyananda una vez me dijo, “Recuerda, nadie es especial para mí. Ni siquiera yo soy especial para mí mismo.”
Entonces el mejor regalo del perdón es este: Nos ayuda a elevarnos sobre las dualidades del gozo y del dolor pasajeros y a experimentar el verdadero gozo de la unidad con todo.
Las escrituras de la India dicen, “El perdón es el poder del poderoso. Es tranquilidad mental. El perdón y la amabilidad son las cualidades del que es dueño de sí mismo. Representan la virtud eterna.”
En amistad divina,
Nayaswami Devi

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *