Ahora estamos en Asís, Italia, enseñando y disfrutando el tiempo con nuestra maravillosa familia de Ananda aquí. Ubicada en las suaves y onduladas colinas de Umbría, Asís es el lugar de nacimiento de San Francisco, uno de los santos más amados de todo los tiempos.

L’Eremo delle Carceri, en la ladera sobre Asís.
Paramhansa Yogananda también amaba a San Francisco, y lo llamaba su “santo patrono.” En 1936 el Maestro visitó Asís en su viaje de regreso desde India a Estados Unidos y encontró una gran inspiración aquí. Luego describió su experiencia: “Sentí la presencia de Cristo en todos lados en Asís, pero en los pequeños senderos del bosque de L’Eremo (un área remota salpicada de cuevas donde San Francisco y sus monjes se recluían), vi a Cristo caminando a mi lado.”
El hermoso poema del Maestro “God! God! God!”fue escrito también luego de que recibió una visión de San Francisco, un tiempo después. Con esta profunda conexión espiritual entre nuestro Gurú y este gran santo, es completamente apropiado que Ananda Europa tenga su base cerca de Asís, doblemente bendecida y llena de la presencia de Dios.
Durante una clase en el centro de retiros cerca de aquí, uno de los maestros contó una historia acerca de Swami Kriyananda que yo no había escuchado antes. Alguien le hizo una pregunta dramática: “Si yo estuviese en un campo de concentración, y un guardia comenzase a golpear a la persona junto a mí, ¿qué debería hacer? ¿Es correcto no hacer nada? ¿O yo debería intervenir, incluso si me cuesta la vida?”
La respuesta de Swamiji fue maravillosa: “Lo que en realidad estás preguntando es cómo saber la voluntad de Dios. Tal vez puedas hacer que el guardia se detenga. Pero si intervienes, tal vez el guardia tome represalias contra todos los prisioneros y mucha gente sería herida o asesinada. No puedes resolverlo lógicamente. Necesitas intuición.
“Si quieres saber la voluntad de Dios en un momento de crisis, tienes que practicar cuando es más fácil. Tienes que desarrollar el hábito de escuchar la voluntad de Dios en todas las circunstancias de tu vida. Entonces, incluso en condiciones extremas, sabrás que hacer.”
Este consejo aplica universalmente. Para desarrollar cualquier virtud — altruismo, digamos, o abnegación, o fortaleza frente a la oposición — comienza viviéndola cuando los desafíos son menores.
¿Qué cualidades te gustaría fortalecer en tu vida? ¿Mayor devoción a Dios? ¿Más dedicación a la meditación? ¿Mayor amabilidad o perdón hacia otros? Decide tú mismo que te gustaría desarrollar, y comienza a practicar estas cosas ahora cuando no estás forzado a aplicarlas bajo coacción.
El Maestro dijo, “Los minutos son más importantes que los días, y los días son más importantes que los años.” Haz que cada día cuente en tu progreso espiritual, y no pienses que después trabajarás en alguna cualidad que te falte. Ese “después” puede no llegar nunca. Pasos constantes en la dirección correcta producirán cambios internos en tu consciencia que entrarán en acción cuando los necesites.
San Francisco vivió su vida con un amor por Dios que ocupaba toda su atención, y en servicio a Él. Desde su juventud, cuando estaba lleno de energía y vitalidad exuberantes, le entregó a Dios todo lo que tenía. Al final, cuando yacía en una pequeña choza cegado por una dolencia en los ojos y debilitado por la enfermedad, no tuvo que evocar la devoción al Señor de cara a su sufrimiento. Brotaba de él una expresión gloriosa, y desde su lecho de muerte compuso y cantó el bello “Cántico de las Criaturas.”
En él, San Francisco alaba al “Hermano Sol” y “Hermana Luna,” al “Hermano Fuego” y “Hermana Agua.” Cantó acerca de su amor a todas las criaturas y su visión de la unidad de toda la creación. La canción termina con estas palabras: “Alaba a Mi Señor, agradécele, y sírvele con gran humildad.” (Puedes escuchar aquí la hermosa melodía a la cual Swami Kriyananda le puso las palabras de San Francisco en italiano antiguo.)
Los grandes santos caminan delante de nosotros no para mostrarnos su sufrimiento, sino para demostrar cómo vivir una vida de auto-entrega diaria que finalmente trasciende todo sufrimiento.
Que todos sigamos sus pasos.
Nayaswami Devi

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