En una ocasión, Swami Kriyananda me dijo: “Creo que tú y yo hemos sido hermanos en una vida pasada. ”  De hecho, siempre he sentido una profunda conexión espiritual con Swamiji desde el día en que lo conocí. Hace algunos años, mientras él todavía vivía, escribí este “Tributo a Kriyananda,” y ya que el 19 de Mayo es su cumpleaños, pensé que te gustaría leerlo:

“Uno puede conocer mucho de una persona observando el efecto que tiene en los demás. Esto es realmente cierto en Swami Kriyananda y el efecto extraordinariamente positivo que tiene en la vida de los demás. A lo largo de las décadas que lo he conocido, [desde los años 70, hasta el 2013] creo que lo que lo más sobresaliente que percibí en él, es su habilidad para dar y atraer amistad incondicional.

Muchísimas personas lo consideran su mejor amigo. Conozco muchas ocasiones, en las que él era el único dispuesto a ayudar a alguien que había logrado exasperar a todos los demás. Al quedarse junto ellos en sus momentos más difíciles, Swami Kriyananda silenciosamente, transformó sus vidas.

Pero para mí, la manifestación más hermosa de amistad divina ha sido el amor que le demostraban a él las almas realizadas en Dios. La relación de Kriyananda con Paramhansa Yogananda — su devoción y discipulado — han sido una de las influencias que ha inspirado mi vida. Él hizo de Yogananda una realidad dinámica y viva en su vida y, con su ejemplo, en la mía y en la vida de muchos otros miembros de Ananda.

Las muchas historias que he escuchado, y de las que he leído acerca de la interacción entre el gurú Yogananda y el discípulo Kriyananda, han sido imanes que me mantuvieron firme en el sendero espiritual. Nunca tuve la bendición de estar presente cuando el Maestro y Kriyananda estuvieron juntos. Sin embargo, una vez estaba presente cuando Kriyananda visitó a la gran santa india, Anandamayee Ma, y vi el inmenso amor y deleite que estas dos grandes almas compartían mutuamente.

En la primavera de 1974 un pequeño grupo viajó con Swami a Hardwar, India, en parte para participar en el Kumbha Mela, pero más específicamente para ver a Ma. La primera vez que nuestro grupo vio a Ma y Kriyananda juntos, fue durante una audiencia privada en la que estábamos solo nosotros cuatro y un Swami hindú de edad avanzada, que hacía de traductor. Entre Ma y Kriyananda, fluía un amor profundo y hermoso, algo así como el amor entre una madre y un hijo, pero algo muy cercano.

He estado muchas veces con Kriyananda y su propia madre, pero su relación con Anandamayee Ma era todavía más profunda. No solo estaba la dimensión espiritual de dos grandes amantes de Dios, sino que también había una conexión intuitiva palpable entre sus mentes. En las sencillas miradas que se intercambiaban, se podía percibir infinitud de significados. Y cuando reían juntos, iban aún más allá de la mera alegría, llegaban a reinos de gozo divino. Verlos juntos me dio mi primera experiencia real, de lo que debe haber sido estar rodeado por el amor infinito de Yogananda.

Ma respondió muchas de las preguntas que le hicimos aconsejándonos dulcemente “Pregúntenle a su gurú.” Me llevó bastante tiempo darme cuenta de que se estaba refiriendo a Swami Kriyananda, debido a que siempre he considerado que Yogananda como mi gurú. Pero Ma era totalmente natural al sugerir que viéramos a Swami como un canal divino, y que fuésemos a él con nuestras preguntas espirituales.

La entrevista duró cerca de media hora y terminó con Ma bendiciendo un montón de abalorios, fotos, y otros objetos que habíamos llevado de gente de Ananda. Mientras mantenía sus manos sobre ellos, dijo, “¿Por qué le piden a este cuerpo que bendiga estas cosas? ¿No ven que las bendiciones de Dios están fluyendo siempre?”

Al día siguiente hubo una reunión de veinte o treinta personas en un pequeño patio, para tener un satsang [reunión espiritual] con Ma. Ella estaba de un humor maravillosamente juvenil, riéndose y jugando. Tomó una guirnalda de flores que había sido puesta alrededor de su cuello y la arrojó como si fuese un lazo alrededor del cuello de Swamiji, que estaba sentado a unos cuatro metros y medio de distancia. Luego le pidió a uno de sus discípulos, que trajese unos pañuelos amarillos que contenían prasad (alimento ofrecido a Dios e ingerido como una bendición) y nos los arrojó, a cada uno de nosotros. Ma durante todo el tiempo era cálida, dichosa y juvenil. Se relacionaba con Swami de una forma extraordinariamente dulce y amable.

Los dos días que pasamos en su compañía están entre los momentos más preciosos de mi vida. La gracia de poder atraer el amor de grandes santos como Ma y Yogananda, es una bendición que fluye a través de Swami Kriyananda hacia todos los que lo conocen. A lo largo de los años que he estado con él, he percibido la transformación gradual de Kriyananda, en un canal cada vez más puro de amor y amistad. Es como si se estuviera transformando en un ejemplo viviente de lo que Yogananda dijo: “Cuando me haya ido, solo el amor puede tomar mi lugar.”

En amistad divina,

Nayaswami Jyotish

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