Paramhansa Yogananda explicó que todas las personas en el mundo son impulsadas por una misma motivación: el deseo de ser felices y evitar el sufrimiento. Lo que hace la vida tan compleja es la variedad de formas en las que perseguimos la felicidad. Existe una especie de Ciclo de Felicidad que funciona de la siguiente manera:

1. Tenemos un deseo.

2. Actuamos con el propósito de cumplir ese deseo.

3. Si tenemos éxito, experimentamos un período de felicidad, pero esa felicidad disminuye inevitablemente. Si no tenemos éxito, nuestro deseo es frustrado y esa frustración puede conducir a la ira o convertirse en un vórtice de deseo subconsciente que nos lleva a reencarnar.

4. De cualquier manera, experimentamos sufrimiento.

5. En esos momentos en que no estamos persiguiendo un deseo, nos aburrimos. Entonces. . .

6. Creamos otro deseo.

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Deseo de unión con Dios

Este ciclo interminable lo gobierna todo, desde deseos fugaces que se cumplen incluso sin que siquiera seamos conscientes de ellos, hasta los anhelos de toda la vida que nos hacen renacer una y otra vez. Un deseo momentáneo podría ser algo como rascarse una picazón, mientras que el de toda una vida podría ser llegar a ser rico o poderoso. Eventualmente, antes de que podamos alcanzar la libertad espiritual, todos los deseos deben desvanecerse y ser sustituídos por el solo deseo de unión con Dios.

A menudo se nos advierte en contra de ser “mundanos”, pero realmente no entendemos lo que eso significa. Simplemente significa que buscamos nuestra felicidad “en el mundo”, en lugar de buscarla dentro de nosotros mismos. Cuanto más dependemos de algo fuera de nosotros, más nos enredamos y esclavizamos. Es por eso que los sabios nos advierten de resistir las tres grandes tentaciones: el dinero, el sexo y los tóxicos. No es que estas cosas en sí mismas sean malas, sino que son los señuelos de Maya (la ilusión) y pueden fácilmente convertirse en compulsiones u obsesiones.

¿Podemos romper este ciclo? ¡Sí! Pero sólo al entender que la realización no se encuentra en las cosas, sino que es un estado de la mente. Los deseos que son alimentados nunca mueren. ¿Podemos entonces decidir simplemente ser felices todo el tiempo? En teoría sí, pero en la práctica los deseos subconscientes y los viejos hábitos nos frenan.

La libertad espiritual viene cuando invertimos el ciclo que nos lleva hacia el exterior. Prueba estos pasos:

1. Llena la mente con el deseo de Dios.

2. Medita, practica tu sadhana y la presencia de Dios tanto como sea posible.

3. Al sentir Su Gozo (la verdadera felicidad), haz lo mejor que puedas para aferrarte a esa experiencia.

4. Cuanto más nos aferremos a este siempre nuevo gozo, como Patanjali nos dice, más “permaneceremos en nuestro verdadero Ser.” En este estado ya no existe deseo, aburrimiento o sufrimiento.

Para decirlo de manera muy simple: no persigas la felicidad. SE alegre.

En Alegría,
Nayasuami Jyotish

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