Hace algunos años, nuestro hijo de cuatro años se me acercó con una expresión extraña en su rostro y me dijo, “No hice nada, mami.” Su intento evidente de parecer inocente lo delató, y le pregunté, “¿Dónde no hiciste nada?”

Mirando hacia abajo, admitió, “En el armario.”

Fuimos de inmediato y descubrimos la travesura que había hecho. Una mirada rápida reveló que había tomado todos los frascos de píldoras de vitaminas y los había tirado en grandes montones en el piso del armario.

Disfruto compartiendo esta historia porque en la inocencia de la mente de un niño vemos un reflejo de nuestros propios esfuerzos por esconder nuestros errores. Ya sean errores tontos o pecados mortales, esperamos que nadie, especialmente Dios, vea nuestros errores. Sin embargo, en este intento de encubrir las cosas, llevamos dentro de nosotros el peso de la culpa, la vergüenza, y los reproches hacia nosotros mismos.

No estoy sugiriendo que difundamos nuestras fallas al mundo, sino que hay otra forma de dejar caer la carga de la culpa que cuelga alrededor de nuestro cuello. Sin temor al juicio o al rechazo, podemos ofrecer todas nuestras malas acciones pasadas a Dios. En realidad, Él ya las conoce. Y Él probablemente se divertirá tanto como nosotros con nuestro hijo.

En Paramhansa Yogananda: Una Biografía (pulse aquí para ver el enlace en inglés)Swami Kriyananda escribió: “Puedo dar fe de su perfecto conocimiento de los pensamientos y acciones de sus discípulos. Una vez me dijo, ‘¡Conozco todos los pensamientos que piensas!’ Y demostró esa afirmación una y otra vez. Una vez en la Iglesia de Hollywood le dije a un miembro poco sincero que yo daría la clase el miércoles siguiente. ‘En ese caso,’ dijo el miembro, ‘Me aseguraré de venir.’ Bueno, ya sabía que vendría de todos modos; por lo tanto, me irritaba un poco que fingiera que vendría solo porque yo daría la clase.  Queriendo desviar de mí mismo sus halagos poco sinceros le respondí (me temo que no en forma muy elegante), ‘En ese caso, ¿podrías quedarte afuera y revisar los bolsillos de la gente en busca de verdura cuando entren por favor?’

“Unos días después yo estaba con mi gurú mientras él entretenía a unos invitados para el almuerzo. Después de que se fueron, mientras me sentaba a solas con él en la mesa, me comentó con indiferencia, ‘Por cierto, cuando estás hablando con un miembro de la congregación, ¡no hables de verduras! No es digno.’”

Entonces, si Dios y el Gurú ya conocen nuestros errores, ¿por qué necesitamos contárselos? Porque al confiar en que Dios solo tiene en mente nuestro bienestar, comenzamos a disolver la capa protectora que el ego ha creado para defenderse a sí mismo. Al ofrecer nuestros tropiezos a Dios, ya no necesitamos llevarlos como cargas subconscientes. Gradualmente, a medida que dejamos caer nuestras defensas, el ego gana una transparencia e inocencia que son la marca de los verdaderos santos.

Hay una historia de la vida de San José de Cupertino, un gran santo, que debido a su sencillez era a menudo el blanco de las bromas pesadas de sus compañeros monjes. Un día mientras hacía sus tareas domésticas limpiando los establos, un grupo de ellos vino a molestarlo.

“José, ven rápido. Hay una vaca volando en el cielo,” dijeron los monjes, esforzándose por contener la risa. José salió corriendo de los establos, y miró y miró, pero no pudo ver ninguna vaca volando. Finalmente, incapaz de contener su risa, uno de ellos dijo, “¡Eres un tonto! ¿No sabes que las vacas no pueden volar?”

Con la inocencia de un niño, José respondió, “Preferiría pensar que las vacas pueden volar en vez de que mis hermanos monjes me mentirían.” Molestos, los monjes burlones se marcharon, avergonzados.

Sabiendo que Dios ya ve todo lo que estamos tratando de ocultar, ten el valor de abrir tu corazón completamente a Él. Cree que la Madre Divina no te castigará por ninguna acción tonta, sino que te ayudará a tomar mejores decisiones en el futuro.

En un hermoso ensayo que Swami Kriyananda escribió hacia el final de su vida, “Por qué Amo a Mi Gurú, Paramhansa Yogananda (pulse aquí para ver el enlace en inglés),” él dice: “Él [Yoganandaji] fue siempre, y ahora más que nunca, mi compañero más cercano y querido. Si estoy en lo cierto, siento su sonrisa interior. Si me equivoco, siento su aliento interior para hacerlo mejor.

Él está de mi lado en cada lucha contra el engaño. ¿Alguien podría ser un amigo mejor y más leal que ese?”

Que gran tranquilidad es aceptar que Dios nos conoce, nos ve hasta lo más profundo, y sin embargo Él está de nuestro lado en nuestros esfuerzos para vencer al engaño. No hay necesidad de tratar de esconder nada, porque estamos eternamente ante Su mirada amorosa.

Con gozo,

Nayaswami Devi

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