La luz de la madrugada emitía tonos brillantes de turquesa y azul cristalino sobre el río y las nieblas flotantes. Incluso en la habitual tranquilidad del amanecer podías escuchar el palpitante y omnipresente rugido de AUM mientras que la incesante energía del agua pasaba a nuestro lado. El Ganges al norte de Rishikesh es una de las vistas más espectaculares y espiritualmente poderosas que hayamos visto.

A medida que lo observábamos, el río parecía estar diciéndonos muchas cosas: sobre el cambio constante que es parte de la vida; del gozo que llega cuando entramos en su flujo; de la consciencia eterna que permea todo. Dentro del rugiente sonido de AUM comencé a escuchar desde dentro de mi mente una de las canciones de Swami Kriyananda:

La vida fluye como un río
Que vuelve a su hogar en el mar:
Una hora saltando por valles de montaña,
Una hora serpenteando por un prado.

Las corrientes del río eran bastante variadas, como los diferentes momentos de nuestras vidas. Algunas se lanzan hacia adelante con alegría, arrojando espuma blanca en el aire. Otras se veían traicioneras mientras pasaban con un poder imparable, e indiferentes a cualquier cosa en su camino. Luego estaban las corrientes más lentas cerca de las orillas que parecían desalentadas porque no podían escapar de las rocas, de los remolinos y los escombros que las bloqueaban. Pero todas las corrientes, cada una a su manera, avanzaban hacia el gran océano del Espíritu.

Luego vino a mi mente esta estrofa de la canción:

Que ninguno se quede en el camino:
¡Ninguno puede convencer al tiempo de que se quede!
Las escenas fugaces nos atraviesan como un sueño.
No te aferres: ninguna será tuyo.

Mientras miraba al río, pasaron ante mis ojos memorias alegres de amistades amorosas, logros y satisfacciones, como así también desilusiones, pérdidas, y arrepentimientos. Todos fluyeron hacia adelante, insubstanciales en sí mismos, disolviéndose en la corriente eterna de la consciencia debajo de todas las experiencias de la vida.

Por último la última estrofa resonó sobre el rugido del río:

Nunca te aflijas por estar solo.
Ve dentro de ti: ahí está tu hogar.

“Ve hacia adentro,” parecía estar diciéndonos Swami.

Un punto particular del Ganges llamó nuestra atención. En medio de la turbulenta corriente del río, había una piscina ovalada de agua calma, intacta por las corrientes que la rodeaban. Como nuestra mente cuando está calma en meditación, la piscina permanecía tranquila sin importar que pasase a su alrededor. “Ve hacia adentro,” parecía estar diciéndonos Swami. “Allí yace tu hogar de paz en medio de los constantes altibajos de la vida.”

¿Cuál era más poderosa? ¿Las corrientes inquietas del Ganges o su piscina calma? Para cada uno de nosotros, la calma de nuestra alma, intacta por eventos externos, es la fuerza más poderosa de paz y guía para navegar los incesantes desafíos de la vida.

Cuando lean esto, ya habremos dejado la India y terminado aquí nuestros viajes del año. Pero algunas cosas están más allá del tiempo y del espacio, y estas son las que llevaré dentro de mí: la calma profundidad de la piscina ovalada del Ganges, y la amplitud del amor divino que brilla debajo de la superficie de todos y de todo lo que experimentamos.

En el gran río de la vida, con gozo,

Nayaswami Devi

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