La violenta tormenta que en 1974 había azotado la costa de Donegal, Irlanda, estaba amenazando con desmantelar el barco del Capitán John Newton, el Greyhound. Newton no era un hombre religioso, y además era un traficante de esclavos: la bodega del carguero estaba llena de africanos que habían sido capturados y ahora estaban encadenados en condiciones horribles.

Mientras las grandes olas y los vientos amenazaban con hundir el barco, Newton cayó sobre sus rodillas y, por primera vez en su vida, comenzó a orar a Dios por piedad. En ese momento, sus oraciones fueron escuchadas: él sintió la presencia de Dios y comenzó a reformar su vida.

Con el tiempo Newton se convirtió en un sacerdote anglicano y trabajó para la abolición de la esclavitud. Su legado es la canción “Gracia Asombrosa (pulse aquí pare ver el enlace en inglés),” la cual, con el correr de los años, ha inspirado a millones de personas desde que fue escrita.

Hoy en Estados Unidos nuestra situación es en muchas formas similar a la experiencia de Newton. Como nación, llevamos la carga de muchas personas todavía siendo encadenadas por el odio y el prejuicio racial. Una violenta tormenta está sobre nosotros, no causada por viento y olas, sino por el despertar de nuestra consciencia y pasión por la justicia estadounidense.

Desde el alma de este país se está elevando una oración por la justicia y la misericordia: una nación fundada sobre principios espirituales y la promesa de igualdad para toda su gente. Abraham Lincoln declaró ese propósito elevado en 1836 durante una de las horas más oscuras de la Guerra Civil cuando dio el Discurso de Gettysburg. Él concluyó instando a “que estuviésemos muy resueltos… que esta nación ante Dios, tenga un nuevo nacimiento de libertad — y que el gobierno de la gente, por la gente, no desaparezca de la tierra.”

El principio elevado de Estados Unidos también fue afirmado por el Reverendo Francis Bellamy en 1982, cuando el sentimiento nacional estaba nuevamente en un punto bajo. Él escribió la Promesa de Lealtad principalmente para los alumnos de escuelas, para despertarlos a la gran visión de la cual surgió Estados Unidos. En su versión actual, las palabras finales son: “una nación, ante Dios, indivisible, con libertad y justicia para todos.”

Ahora hay una batalla tremenda ante nosotros para enmendar las injusticias que existen en el mundo y para recuperar el propósito elevado de esta nación. Cada uno de nosotros debe hacer su parte tal como lo sienta en su interior.

Como devotos, tenemos tanto una responsabilidad personal como social. Primero, debemos redoblar nuestros esfuerzos para alcanzar la libertad del alma para nosotros y demás. Luego debemos tratar humildemente de atraer la gracia divina que elevará la consciencia global, lo que a su vez traerá libertad exterior para todos.

Es tiempo de levantarnos desafiando todas las formas de esclavitud: codicia materialista, egotismo, racismo, nacionalismo divisivo. En su lugar, trabajemos hacia un renacimiento de valores más elevados: simplicidad en la vida, consciencia de nuestro Ser superior, y el entendimiento de la unidad de toda la gente, de todas las naciones ante Dios.

Nuestro Gurú, Paramhansa Yogananda, padeció prejuicio e inequidad racial durante los años en que trajo a Occidente su misión de hermandad mundial y libertad del alma. En su “Oración para un Mundo Unido” escribió:

“Oremos en nuestros corazones para una Liga de Almas y un Mundo Unido. Aunque parezcamos estar divididos por raza, credo, color, clase y prejuicios políticos, aún así, como hijos del único Dios podemos sentir hermandad y unidad mundial. Trabajemos para la creación de un Mundo Unido en el cual cada nación será una parte útil, guiada por Dios a través de la consciencia iluminada del hombre.”

Que la “Gracia Asombrosa” que recibió John Newton toque los corazones humanos en esta hora de necesidad, y despierte a la gente en todos lados al amor y la aceptación universal que reside dentro de todos nosotros.

Tu amiga en Dios,

Nayaswami Devi

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