Toda la vida está unida por un propósito común. Desde el gusano más mínimo hasta el santo más exaltado, todos están buscando el mismo objetivo: la dicha. Esta búsqueda puede tomar muchas formas—desde encontrar una hoja jugosa hasta la unión con Dios—pero este deseo compartido por la verdadera felicidad nos motiva a todos.

La gente se perjudica a sí misma cuando pone a los grandes santos en un pedestal alto más allá de su propio alcance. Los maestros no son diferentes de nosotros en tipo, sino en grado de consciencia. Son nuestros padres espirituales que han caminado antes que nosotros en el sendero hacia la dicha, y han venido a mostrarnos cómo nosotros también podemos llegar allí.

“Babaji y Cristo,” por Nayaswami Jyotish.

En Autobiografía de un Yogui, Paramhansa Yogananda escribe acerca de Babaji, el santo inmortal del Himalaya: “Por tanto sólo puede haber una razón para que Babaji mantenga su forma física de siglo en siglo: el deseo de proporcionar a la humanidad un ejemplo concreto de sus propias posibilidades.”

Nuestras propias posibilidades: esto es lo que deberíamos tener en cuenta cuando nos desalentamos por nuestro progreso espiritual.  Swami Kriyananda una vez nos contó acerca de una carta que había recibido de parte de alguien que estaba desanimado porque mientras que Swamiji había hecho tanto en su vida, él mismo había podido lograr tan poco. Swamiji estuvo en silencio un momento, y luego agregó con firmeza, “No debería sentirse así consigo mismo. Él necesita entender que yo solo he estado en esto por más tiempo.”

Al poner a los santos en una categoría especial, nos cegamos al hecho de que ellos también han tenido pruebas y defectos que han superado con perseverancia. Recuerda que los más grandes han estado en el lugar exacto en que nos encontramos ahora. Sin embargo, con determinación y mucho esfuerzo han superado los obstáculos que se interponían entre ellos y la dicha.

En su autobiografía, El Nuevo Sendero (pulse aquí vara ver el enlace en inglés), Swami Kriyananda cuenta esta historia de la vida de Yoganandaji: “Bernard [uno de los monjes], a quien el Maestro había estado instando a una tarea difícil, un día protestó, ‘Bueno, Señor, usted lo puede hacer. Usted es un maestro.’

“‘¿Y qué crees que me hizo un maestro?’ preguntó el Gurú. ‘¡Fue haciendo! No te aferres al pensamiento de debilidad, si tu deseo es volverte fuerte.’”

Si afrontamos nuestras pruebas con confianza y fortaleza, estos mismos desafíos se convierten en nuestras mayores herramientas para el crecimiento espiritual. Entonces podemos ver nuestra consciencia humana limitada no como una barrera, sino como un puente hacia los logros divinos.

Este, entonces, es el regalo de las grandes almas que han caminado antes que nosotros en el viaje espiritual: Nos muestran que nosotros también podemos encontrar la dicha que estamos buscando. Nos han dado técnicas, herramientas, actitudes correctas,  así como sus ejemplos de coraje y fuerza para guiarnos.

En la obra de Swami Kriyananda, La Joya en el Loto (pulse aquí para ver el enlace en inglés), uno de los personajes es un sadhu santo que vaga por el Himalaya, y le dice a un pequeño grupo de sus seguidores: “Un verdadero gurú viene a esta tierra no para mostrarle a la gente lo diferente que es de ellos, sino para inspirarlos con una sentido de su propia divinidad.”

Somos uno con toda la vida en nuestra búsqueda compartida de la dicha. Somos uno con los grandes maestros en nuestra divinidad innata compartida. Depende de nosotros ahora reclamar estos aspectos inherentes de nuestro ser como propios, y finalmente llegar al final del viaje de nuestra alma.

Con gozo,

Nayaswami Devi

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